A tu burgès que escoltes…

Hugo Ball, <<Karawane>>, 1920

 

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El temps i els sentiments

Milan Kundera,

La ignorancia

Porque la noción misma de patria, en el sentido noble y sentimental de la palabra, va vinculada a la relativa brevedad de nuestra vida, que nos brinda demasiado poco tiempo para que sintamos apego por otro país, por otros países, por otras lenguas.

Las relaciones eróticas pueden llenar toda la vida adulta. Pero si la vida fuera mucho más larga, ¿no aplacaría el cansancio la capacidad de excitarse mucho antes de que declinara la fuerza física? Porque hay una enorme diferencia entre el primero, el décimo, el centésimo, el milésimo o el enésimo coito. ¿Dónde se situaría la frontera tras la cual la repetición se volvería estereotipada, si no cómica, incluso imposible? Y, una vez traspasado este límite, ¿qué ocurriría con la relación amorosa entre un hombre y una mujer? ¿Desaparecería? ¿O, por el contrario, los amantes considerarían la fase sexual de su vida como la preshistoria bárbara de su amor verdadero? Contestar a estas preguntas es tan fácil como imaginar la psicología de los habitantes de un planeta desconocido.

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L’enemic

Jorge Luis Borges,

El oro de los tigres.

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.

Me incliné sobre él para que me oyera.

- Uno cree que los años pasan para uno – le dije -, pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin i lo que antes ocurrió no tiene sentido. - Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.

Me dijo entonces con voz firme:

- Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora a mi merced y yo no soy misericordioso.

Ensayé unas palabras. No soy hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:

- Es verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.

- Precisamente porque ya no soy aquel niño tengo que matarlo. No se trata de una venganza sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.

- Puedo hace una cosa – le contesté.

- ¿ Cuál?- me preguntó.

- Despertarme.

Y así lo hice.

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Oci

 

 

 

Gabriel Ferrater,

Les dones i els dies

Ella dorm. L’hora que els homes

ja s’han despertat, i poca llum

entra encara a ferir-los.

Amb ben poc en tenim prou. Només

el sentiment de dues coses:

la terra gira, i les dones dormen.

Conciliats, fem via

cap a la fi del món. No ens cal

fer res per ajudar-lo.

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Els cabells de Ginebra

Chrétien de Troyes

Le Chevalier de la charrette  (s.XII),

-  Señor, vengo a requerir este peine. Por eso he desmontado a tierra. Tengo tales ansias de poseerlo, que pensé que ya tardaba en tenerlo en mi mano.

Como él está de acuerdo en concederle el peine, se lo da; pero retira los cabellos de modo tan suave que no se quiebra ninguno. Jamás ojos humanos verán honrar con tal ardor ninguna otra cosa. Empieza por adorarlos. Cien mil veces los acaricia y los lleva a sus ojos, a su boca, a su frente, y a su rostro. No hay mimo que no les haga. Por ellos se considera muy rico, y por ellos alegre también. En su pecho, junto al corazón, los alberga, entre su camisa y su piel. No preciará tanto un carro cargado de esmeraldas y de carbunclos. No temía ya el ataque de una úlcera u otras enfermedades. Desdeña el diamargaritón, el elixir contra la pleuresía y la triaca medicinal. Desprecia a san Martín y a Santiago. Pues tanto confía en aquellos cabellos que no piensa necesitar de la ayuda de los santos. ¿Pues qué valían los tales cabellos? Por mentiroso y loco se me tendrá si digo la verdad. Ni por la fiesta mayor de san Denis y todo su mercado de un día rebosante hubiérase decidido el caballero, a cambio de aquellos cabellos del hallazgo; y es la pura verdad. Y si me requerís la verdad, el oro cien veces depurado y otras cien pulido luego, es más oscuro que la noche frente al día más bello de este verano, en comparación con aquellos cabellos para quien los confrontara. ¿Y para qué voy a alargar la descripción?

La doncella vuelve a montar en seguida, con el peine que lleva consigo, mientras él se deleita y contenta con los cabellos que guarda en su pecho

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La vanitat dels qui refusen el plaer

Amélie Nothomb,

La metafísica de los tubos

Desde hace mucho tiempo, existe una inmensa secta de imbéciles que oponen sensualidad e inteligencia. Es un círculo vicioso: se privan de placeres para exaltar sus capacidades intelectuales, lo cual sólo contribuye a empobrecerles. Se convierten en seres cada vez más estúpidos, y eso les reconforta en su convicción de ser brillantes, ya que no se ha inventado nada mejor que la estupidez para creerse inteligente. El deleite, en cambio, nos hace humildes y admirativos con lo que lo produce, el placer despierta la mente y la empuja tanto hacia la virtuosidad como hacia la profundidad. Se trata de una magia tan potente que, a falta de voluptuosidad, la sola idea de voluptuosidad resulta suficiente. Mientras existe esa noción, el ser está a salvo. Pero la frigidez triunfante está condenada a celebrar su propia insustancialidad. Uno se cruza a veces con gente que, en voz alta y fuerte, presume de haberse privado de tal o cual delicia durante veinticinco años. También conocemos a fantásticos idiotas que se alaban por el hecho de no haber escuchado jamás música, por no haber abierto nunca un libro o no haber ido nunca al cine. También están los que esperan suscitar admiración a causa de su absoluta castidad. Alguna vanidad tienen que sacar de todo eso: es la única alegría que tendrán en la vida.

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Sentit de la catàstrofe

Firmin,

Sam Savage

Allà al món, fora de la meva adorada llibreria, tothom anava a la seva i campi qui pugui. Tot, a l’exterior, estava pensat per infligir-nos un dany mortal, sempre. Les nostres possibilitats de complir el primer any de vida eren pràcticament nul·les. De fet, bé se’ns podia declarar morts, en aplicació de les estadístiques. No era que jo ho sabés segur en aquell moment, però ho intuïa, amb aquesta espècie d’espantós pressentiment que de vegades assalta els qui van a bord d’un vaixell a punt de naufragar. Si hi ha res per què resulti útil una formació literària, és per dotar-nos d’un sentit de la catàstrofe. No hi ha res com una imaginació vívida per minar el coratge d’algú. Vaig llegir el diari d’Anna Frank, em vaig convertir en Anna Frank. Els altres, en canvi, tenien els seus moments de gran terror, s’amagaven pels racons, suaven de por, però tan aviat com passava el perill ja era com si mai no hagués existit, i continuaven fent saltirons, tan contents. Tan contents fins que algú els aixafava o els enverinava o els trencava el coll amb una barra de ferro. Jo, per part meva, he viscut més que tots ells i, a canvi, he mort de mil morts diferents. M’he mogut per l’existència deixant al meu pas un rastre de por, com un cargol. Quan em mori de debò serà un anticlímax.

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A l’inrevés

Les dones i els dies,

Gabriel Ferrater

Ho diré a l’inrevés. Diré la pluja

frenètica d’agost, els peus d’un noi

caragolats al fil del trampolí,

l’agut salt de llebrer que fa l’aroma

dels lilàs a l’abril, la paciència

de l’aranya que escriu la seva fam,

el cos amb quatre cames i dos caps

en un solar gris de crepuscle, el peix

llisquent com un arquet de violí,

el blau i l’or de les nenes en bici,

la set dramàtica del gos, el tall

dels fars de camió en la matinada

pútrida del mercat, els braços fins.

Diré el que em fuig. No diré res de mi.

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Dos desconocidos

Relatos Absurdos,

Fernando trías de Bes

Éranse una vez dos desconocidos que se cruzaron en una avenida una soleada tarde de primavera. El primero de ellos confundió al otro con Aurelio, un viejo amigo. Y el segundo, creyó erróneamente que el otro era un pariente lejano, llamado Hipólito.

Así que a pesar de que en realidad ni uno ni otro se conocían de nada, se dieron un efusivo abrazo, se fueron a tomar un café y charlaron durante horas y horas: una pensando que conversaba con Hipólito y el otro, que lo hacía con Aurelio. Después se separaron y no se encontraron jamás.

Lo más lamentable de esta historia es que ni Hipólito ni Aurelio, ajenos a aquel encuentro, supieron nunca lo gran amigos que podían haber sido.

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Aquests silencis

Estimada Marta,

Miquel Martí i Pol

Aquests profunds silencis plens de tu,

aquests silencis clars i vehements,

tan plens de tu que ja tot hi és sobrer;

aquesta solitud sense després

que compartim fins a esgotar-ne els sons;

aquesta quietud que vulnerem

a penes amb els ulls o bé amb les mans

és un projecte i un acompliment.

Marta, l’embruix de tu m’ha tant sotmès

que ja ni em dol la vida que no visc

i em perdo amb tu per llocs inconeguts

i no hi ha espai entre el teu cos i el meu.

Arribarem al cor de l’espiral

ponts a través, sense temor del vent,

mars a través, esperonats pel foc.

Boja com jo, m’escoltes i somrius.

Tots els camins són bons per fer camí.

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